27.12.11

Qué bonito es ser madre!

- El otro día – dijo la señora Maricarmen – vi un documental sobre la lactancia. Fue muy instructivo. Decían que, entre otras cosas, reforzaba la relación entre la madre y sus hijos…

- Esto…

- …además de mejorar la salud de los bebés al darles mejores defensas y alimentación…

- …Maricarmen…

- …y reforzar su confianza…

- ¡Maricarmen! – interrumpió la señora Berta - Entiendes que nosotras tenemos un poco complicado eso de la lactancia, ¿verdad?

- ¿Complicado? ¿Por qué? – se indignó la señora Maricarmen -. ¿Qué insinúas? ¿Qué no soy buena madre? ¿Qué no soy una buena gallina? Si quiero darles lactancia, se la doy. Para mis polluelos quiero lo mejor y si lo mejor es la lactancia, la tendrán, que para eso salen de mis huevos.

Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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26.12.11

Un Trasto Mágico

Un perro blanco salió al escenario y empezó a hablar.

- Mi nombre es Trasto y soy mago. Este es el penúltimo acto de la noche. Estén atentos porque lo que va a ocurrir no lo volverán a ver.

A continuación todo el mundo parpadeó. En el escenario un hombre con traje y barba había sustituido al perro.

- Guau, guau, guau, guau - dijo -. Guau, guau, guau, guau, guau, guau. Guau, guau, guau, guau.

El público se miró extrañado y volvió a parpadear, tras lo cual la tarima quedó vacía.

- ¿Entonces ya está? - preguntó alguien desde lo alto de la lámpara del teatro. La gente levantó la vista para ver quién hablaba y vieron a un perro blanco junto a un hombre con traje y barba.

- Guau, guau, guau, guau - contestó el hombre y, con un gesto, desaparecieron.

Entonces, el público aplaudió.


Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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25.12.11

Días de fiesta

Era lógico. Si las fiestas navideñas empiezan el 25 de diciembre después de que venga Papá Noel y acaban el 6 de enero después de que vengan los Reyes Magos, para que el resto de días sean días de navidad, otros tenían que venir a hacer cosas. Así, un día venía el Señor Electricista, que arreglaba un enchufe. Otro venía el Señor fontanero, que revisaba las tuberías. Otro el monstruo Lucas, que hacía desaparecer las galletas. Luego, uno que dice ser amigo de alguien, que nadie ve y que deja regalos… y así hasta completar los 14 días.

Era la única explicación para que no dejara de entrar gente en casa.

Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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24.12.11

Visita al veterinario

- Miau, miau – mulló el gato -. Miau, miau, miau. Miau.
- Dice que no tienes razón – tradujo la niña -. Que estás equivocado.
- ¿Disculpa? – se indignó el psicólogo veterinario -. Soy un profesional reputado. Tengo decenas de títulos que certifican que llevo años estudiando la forma de comportarse de los animales. Los entiendo. Sé lo que quieren y éste en particular – señaló al minino – está deprimido.
- Miau, miau, miau…
- …no estoy deprimido…
- …miau, miau, miau, miau….
- …me duelen los dientes…
- …miau, miau, miau, miau.
- …y no puedo comer. Eso es lo que ha dicho – afirmó la niña.
El veterinario se quedó mirándolos, boqueabierto.
- ¿Miau?
- Pregunta si le vas a ayudar – concluyó la niña.
El gato asintió y abrió la boca. El psicólogo veterinario miró dentro y vio cosas que arreglar. Por raro que pareciera, la niña parecía tener razón.


Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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23.12.11

Aguas duras

El escenario estaba oscuro cuando una voz atronó en toda la sala:
- ¡Ahora, con todos vosotros, el grupo que estabais esperando! ¡Aguas Duras!
Una guitarra inició una nota aguda, acompañada del ritmo de una batería, y continuó durante unos segundos. La ovación creció mientras se iluminaba el escenario y empezaban a distinguirse las siluetas de los artistas.

La música subió y, de repente, se detuvo un instante, lo justo para que se escuchara la voz cristalina de la cantante empezar una canción:

- Pero mira cómo beben los peces en el río...

Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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22.12.11

Caracoles

Era un incomprendido entre los suyos. Sólo ella había sabido entender su pasión. Todo había empezado cuando se quedó pegado a un coche de carreras. Recordaba perfectamente el suave ronroneo del motor y, sobre todo, el vértigo de la velocidad al acelerar y frenar. Inmediatamente se había vuelto adicto.

Desde entonces había estado construyendo su propio vehículo con piezas del desguace. Ahora que lo había acabado los dos podrían atravesar el mundo y sólo tendrían que detenerse cuando se acabara la cuerda.

Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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20.12.11

Espinoso

Lo habían puesto al lado del ordenador porque decían que absorbía la radiación del monitor. No sabía si era verdad, pero últimamente era capaz de moverse un poco más rápido de lo normal. También había descubierto que era capaz de entender lo que le decía la chica que se sentaba junto a él. Comprendía las preguntas que le hacía, sus reflexiones y sus análisis, aunque no respondía, pues sabía que ella no esperaba respuesta. De hecho, probablemente, se asustara si la recibiera.

Sin embargo, intrigado por aquellas cuestiones y problemas que le planteaban comenzó a interesarse por lo que ponía en la pantalla y acabó matriculándose en cursos a distancia de programación. De día se dedicaba a aprender de ella y de noche a estudiar.

Poco a poco comenzó a valorar las genialidades y a ver cosas que se podían modificar para mejorar. Pero un día vio un error terrible. Ella había estado programando durante horas con fiebre y se le había escapado un detalle tonto pero que podía tener graves consecuencias. Él esperó a que todas las luces se apagaran y, reuniendo todo el valor que pudo, accedió al ordenador y modificó aquellas líneas. No era un gran cambio, pero era suyo, así que lo firmó como Espinoso.

Al día siguiente ella se clavó un pincho que había quedado entre las teclas. Cuando vio la firma supo qué había pasado. Sin que nadie se diera cuenta puso un poco de abono en la maceta, otro poco de agua y en voz bajita le dio las gracias por la ayuda.


Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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19.12.11

Espejo

No era feliz. Ser un espejo de baño significaba que era un espejo y que vivía en un cuarto de baño. Todos los días lo salpicaban y lo llenaban de vaho. Todos los días veía a la misma gente hacer las mismas cosas. Todos los días eran iguales.

Entonces un día lo descolgaron y lo llevaron a un taller, donde lo tallaron con diferentes formas y tamaños y, al final, lo metieron dentro de un tubo de metal. Aquella noche vio las estrellas y la luna desde tan cerca que se sintió que podía brillar más que ellas. Aquella nueva vida como telescopio se presentaba muy interesante.


Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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La tienda de mascotas

- Entonces, ¿qué me recomienda?
El dependiente la examinó y repasó en voz alta lo que le acaban de explicar.
- Por lo que me cuenta, su hijo le ha pedido una mascota y no quiere decirle que no, pero a usted no le gustan los animales que suelten pelo o que puedan estropearle los muebles. No quiere que huelan ni que sean ruidosos. No quiere tener que pasearlos ni lavarlos y, si puede ser, ni siquiera alimentarlos. Pero quiere que sea cariñoso, mono y le combine con la casa, ¿correcto?
- Ni yo misma lo hubiese dicho mejor - sonrió ella.
- Pues tengo varias cosas que podrían resultarle interesante - dijo él, sacando un pequeño libro con las palabras "catalogo especial" escrito en letras doradas. A continuación lo abrió encima de la mesa y con el dedo repasó el índice -. Mire, aquí tenemos pajaritas silbadoras indestructibles con su jaula insonorizada, rocas subacuáticas que siempre están secas, minerales meditadores de estantería y también... - pasó páginas, buscando - era para un niño, ¿verdad? Entonces le recomiendo nuestras famosas piñas de arrastre - dijo al encontrar la página -. Vienen con correa incluida, con lo que puede tanto llevarla de paseo como colgarla de una lámpara o una pared y tendrá un toque rústico o navideño, según la época del año. Mire.
El vendedor le pasó el libro. La mujer lo leyó con interés y volvió a sonreír.
- Me encanta. Es justo lo que buscaba. Póngame tres, una de cada color y envuélvala para regalo. ¿Acepta tarjeta?


Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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18.12.11

Sin problemas

- No sabes cuánto valemos - dijo una.
- No vas a poder descubrirlo - desafió otra.
- No vas a poder - repitió la tercera -. ¡Somos tres! ¡Sal corriendo como siempre haces, cobarde!
- No huiré - contestó el niño, mirándolas sin pestañear -. Mi papá me ha enseñado vuestro punto débil. Os separaré, os reduciré y os sustituiré. No me volveréis a vencer.

Las incógnitas se miraron y dudaron. ¿Sería verdad? ¿Conocería las técnicas secretas? Fuera como fuese, una dura batalla estaba a punto de empezar. 


Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio) 

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