Si vienes buscando los cuentos del señor Ocre, podrás encontrarlos todos en:
30.12.11
Interrogatorio
- ¡Responde! – gritó el interrogador – ¡Dónde está! ¡Dónde lo has escondido!
- No lo sé – suplicó, tratando de soltarse de la mesa – Yo sólo soy el mensajero. A mi me dan las letras y yo las envío. ¡Nada más!
- Pero sabrás algo de su contenido…
- ¡No! ¡Para mí sólo son letras sueltas! ¡Nunca las uno! ¡No sé lo que dicen!
- ¡Mientes! – rugió amenazador – Dime de qué va el cuento que estaba escribiendo o de lo contrario…
- Suéltalo – susurró una tercera voz desde la puerta -. Si quieres saberlo, tendrás que esperar hasta mañana.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
Más cuentos en: www.senorocre.com
- No lo sé – suplicó, tratando de soltarse de la mesa – Yo sólo soy el mensajero. A mi me dan las letras y yo las envío. ¡Nada más!
- Pero sabrás algo de su contenido…
- ¡No! ¡Para mí sólo son letras sueltas! ¡Nunca las uno! ¡No sé lo que dicen!
- ¡Mientes! – rugió amenazador – Dime de qué va el cuento que estaba escribiendo o de lo contrario…
- Suéltalo – susurró una tercera voz desde la puerta -. Si quieres saberlo, tendrás que esperar hasta mañana.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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29.12.11
No hay cuento
- Miren ustedes. Resulta que ayer estuve enfermo. De varicela. Además me
constipé y entre los mocos y los picores no me daba para escribir un
cuento. Por si fuera poco, cuando se me ocurrió algo y lo pude escribir,
se lo comió mi gato. ¿Han visto ustedes esos animalitos tan monos de
los videojuegos? Pues este llevaba virus y se ha tragado todo mi
ordenador y el móvil sin batería ni cobertura. Total, que entre pitos y
flautas no les he podido traer una historia.
- ¿Entonces? - preguntó una niña del público con voz de pena - ¿Hoy no hay cuento?
- Por supuesto que sí - la tranquilizó el señor Ocre -. Pero no se despisten. Igual les cuelo un cuento chino y no se enteran.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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28.12.11
Valkirias
Cada una empezó por su cuenta en el mundo de la danza, con idéntico
resultado: nadie quería saber nada de bailarinas de más de 1000 kilos.
Todo cambió el día que las tres se juntaron en un casting y se dieron
cuenta de que no estaban solas. Fue el momento en que decidieron que, si
nadie les daba trabajo, ellas se lo darían a sí mismas.
Pronto fue evidente que no podrían hacer un
espectáculo normal y corriente. Nadie iría a ver cómo hacían de cisnes,
princesas o dulces damiselas. Ellas eran algo más. Debían hacer algo
distinto. Por eso montaron la compañía de danza de las Valkirias. Serían
diosas guerreras de la danza y actuarían como tal.
Tras meses de duro trabajo se decidieron a
mostrarlo. Sólo un teatro quiso saber de ellas. Pequeño, situado en el
centro de la ciudad, el Valhalla había sido magnífico en el pasado, pero
la crisis y la edad lo habían degradado y ya muy pocos artistas querían
actuar en él. Las facturas señalaban una única salida: cerrarlo y
venderlo al mejor postor. Aquella sería la última representación si no
ocurría un milagro.
La noche del estreno todo eran nervios. Entre
nostálgicos del Valhalla y amigos y conocidos de las bailarinas habían
conseguido llenar. Sería un buena recaudación, pero no lo suficiente
para evitar el cierre, si no se repetía.
Se hizo el silencio y la oscuridad inundó la
sala. Las Valkirias asaltaron el escenario al son de Wagner y, durante
una hora, contaron la historia de una diosa que luchaba contra sus
hermanas y su propia esencia para darle unos días más de vida a un
guerrero moribundo. Hubo risas, lágrimas, emoción y, como cierre, una
enorme ovación.
Aquella mañana fueron a mirar los foros especializados, que marcarían el destino del teatro y de la compañia.
"El baile de las Valquirias es como ver un cuadro de Botero en movimiento."
"Tan gráciles como plumas, tan contundentes como terremotos."
"Poderoso y sutil. Titanes haciendo pajaritas de papel"
El
espectáculo estuvo en cartel tres meses, siempre lleno, antes de
empezar una gira nacional y el Valhalla pudo cerrar con dignidad. De
alguna forma, el milagro de las Valkirias se hizo realidad.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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27.12.11
Qué bonito es ser madre!
- El otro día – dijo la señora Maricarmen – vi un documental sobre
la lactancia. Fue muy instructivo. Decían que, entre otras cosas,
reforzaba la relación entre la madre y sus hijos…
- Esto…
- …además de mejorar la salud de los bebés al darles mejores defensas y alimentación…
- …Maricarmen…
- …y reforzar su confianza…
- ¡Maricarmen! – interrumpió la señora Berta - Entiendes que nosotras tenemos un poco complicado eso de la lactancia, ¿verdad?
-
¿Complicado? ¿Por qué? – se indignó la señora Maricarmen -. ¿Qué
insinúas? ¿Qué no soy buena madre? ¿Qué no soy una buena gallina? Si
quiero darles lactancia, se la doy. Para mis polluelos quiero lo mejor y
si lo mejor es la lactancia, la tendrán, que para eso salen de mis
huevos.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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26.12.11
Un Trasto Mágico
Un perro blanco salió al escenario y empezó a hablar.
- Mi nombre es Trasto y soy mago. Este es el penúltimo acto de la noche. Estén atentos porque lo que va a ocurrir no lo volverán a ver.
A continuación todo el mundo parpadeó. En el escenario un hombre con traje y barba había sustituido al perro.
- Guau, guau, guau, guau - dijo -. Guau, guau, guau, guau, guau, guau. Guau, guau, guau, guau.
El público se miró extrañado y volvió a parpadear, tras lo cual la tarima quedó vacía.
- ¿Entonces ya está? - preguntó alguien desde lo alto de la lámpara del teatro. La gente levantó la vista para ver quién hablaba y vieron a un perro blanco junto a un hombre con traje y barba.
- Guau, guau, guau, guau - contestó el hombre y, con un gesto, desaparecieron.
Entonces, el público aplaudió.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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- Mi nombre es Trasto y soy mago. Este es el penúltimo acto de la noche. Estén atentos porque lo que va a ocurrir no lo volverán a ver.
A continuación todo el mundo parpadeó. En el escenario un hombre con traje y barba había sustituido al perro.
- Guau, guau, guau, guau - dijo -. Guau, guau, guau, guau, guau, guau. Guau, guau, guau, guau.
El público se miró extrañado y volvió a parpadear, tras lo cual la tarima quedó vacía.
- ¿Entonces ya está? - preguntó alguien desde lo alto de la lámpara del teatro. La gente levantó la vista para ver quién hablaba y vieron a un perro blanco junto a un hombre con traje y barba.
- Guau, guau, guau, guau - contestó el hombre y, con un gesto, desaparecieron.
Entonces, el público aplaudió.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
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25.12.11
Días de fiesta
Era lógico. Si las fiestas navideñas empiezan el 25 de diciembre
después de que venga Papá Noel y acaban el 6 de enero después de que
vengan los Reyes Magos, para que el resto de días sean días de navidad,
otros tenían que venir a hacer cosas. Así, un día venía el Señor
Electricista, que arreglaba un enchufe. Otro venía el Señor fontanero,
que revisaba las tuberías. Otro el monstruo Lucas, que hacía desaparecer
las galletas. Luego, uno que dice ser amigo de alguien, que nadie ve y
que deja regalos… y así hasta completar los 14 días.
Era la única explicación para que no dejara de entrar gente en casa.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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Era la única explicación para que no dejara de entrar gente en casa.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
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24.12.11
Visita al veterinario
- Miau, miau – mulló el gato -. Miau, miau, miau. Miau.
- Dice que no tienes razón – tradujo la niña -. Que estás equivocado.
- ¿Disculpa? – se indignó el psicólogo veterinario -. Soy un profesional reputado. Tengo decenas de títulos que certifican que llevo años estudiando la forma de comportarse de los animales. Los entiendo. Sé lo que quieren y éste en particular – señaló al minino – está deprimido.
- Miau, miau, miau…
- …no estoy deprimido…
- …miau, miau, miau, miau….
- …me duelen los dientes…
- …miau, miau, miau, miau.
- …y no puedo comer. Eso es lo que ha dicho – afirmó la niña.
El veterinario se quedó mirándolos, boqueabierto.
- ¿Miau?
- Pregunta si le vas a ayudar – concluyó la niña.
El gato asintió y abrió la boca. El psicólogo veterinario miró dentro y vio cosas que arreglar. Por raro que pareciera, la niña parecía tener razón.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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- Dice que no tienes razón – tradujo la niña -. Que estás equivocado.
- ¿Disculpa? – se indignó el psicólogo veterinario -. Soy un profesional reputado. Tengo decenas de títulos que certifican que llevo años estudiando la forma de comportarse de los animales. Los entiendo. Sé lo que quieren y éste en particular – señaló al minino – está deprimido.
- Miau, miau, miau…
- …no estoy deprimido…
- …miau, miau, miau, miau….
- …me duelen los dientes…
- …miau, miau, miau, miau.
- …y no puedo comer. Eso es lo que ha dicho – afirmó la niña.
El veterinario se quedó mirándolos, boqueabierto.
- ¿Miau?
- Pregunta si le vas a ayudar – concluyó la niña.
El gato asintió y abrió la boca. El psicólogo veterinario miró dentro y vio cosas que arreglar. Por raro que pareciera, la niña parecía tener razón.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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23.12.11
Aguas duras
El escenario estaba oscuro cuando una voz atronó en toda la sala:
- ¡Ahora, con todos vosotros, el grupo que estabais esperando! ¡Aguas Duras!
Una
guitarra inició una nota aguda, acompañada del ritmo de una batería, y
continuó durante unos segundos. La ovación creció mientras se iluminaba
el escenario y empezaban a distinguirse las siluetas de los artistas.
La música subió y, de repente, se detuvo un
instante, lo justo para que se escuchara la voz cristalina de la
cantante empezar una canción:
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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22.12.11
Caracoles
Era un incomprendido entre los suyos. Sólo ella había sabido entender su pasión. Todo había empezado cuando se quedó pegado a un coche de carreras. Recordaba perfectamente el suave ronroneo del motor y, sobre todo, el vértigo de la velocidad al acelerar y frenar. Inmediatamente se había vuelto adicto.
Desde entonces había estado construyendo su propio vehículo con piezas del desguace. Ahora que lo había acabado los dos podrían atravesar el mundo y sólo tendrían que detenerse cuando se acabara la cuerda.
Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)
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Desde entonces había estado construyendo su propio vehículo con piezas del desguace. Ahora que lo había acabado los dos podrían atravesar el mundo y sólo tendrían que detenerse cuando se acabara la cuerda.
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